Emigración clandestina de Canarias a Venezuela: testimonios inéditos

En el año 2003 participé en un proyecto a lo largo de cuyo desarrollo investigué los detalles de la emigración clandestina que llevaron a cabo miles de canarios y canarias con destino a Venezuela sobre todo en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo XX.

Fruto de esa investigación fue la recopilación de datos inéditos a través de las entrevistas realizadas a varios de aquellos protagonistas de un pasado tremendamente duro en la historia de nuestras islas, pasado que, en su parte económica, desgraciadamente amenaza cernirse de alguna forma y en cierto grado, sobre la realidad canaria, en particular,  y la española, en general, en estos comienzos de la segunda década del siglo XXI.

Quiero compartir con todos los usuarios de internet que estén interesados, los testimonios recogidos en aquella investigación, para que no quede en el olvido la epopeya de la que fueron partícipes involuntarios tantos compatriotas nuestros, obligados por la miseria, el hambre y la desesperanza.

Entre estos testimonios incluyo el de un familiar directo, el de mi tío Manuel Rodríguez León, hermano mayor de mi madre, emigrante clandestino en el velero “juan Manuel”, que zarpó de la isla de La Palma en 1949. Es en homenaje a él y a todos los emigrantes, hombres y mujeres, de las Islas Canarias, que iniciamos esta sección.

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Diario inédito de un emigrante clandestino en el “Nuevo Teide”

La conversación con un amigo, profesor de educación media, me facilitó la pista para localizar el documento excepcional que aquí traigo.

Años atrás una alumna suya, natural del Barrio de Las Manchas (Los Llanos de Aridane, isla de La Palma) había recogido en un trabajo escolar el testimonio de un vecino, antiguo emigrante clandestino a Venezuela, incluyendo la fotocopia del Diario inédito de un compañero suyo en aquella dramática aventura a bordo del Pailebot “Nuevo Teide”, que transportó 286 pasajeros desde La Palma a Venezuela.

Localizada la joven, Mónica Camacho Martín, me entrevisté con ella y con su amable concurso conocí los pormenores de aquel testimonio. Pude, además, hablar con Doña María, esposa del co-protagonista y depositario de la copia del citado Diario, Don Severo Jerónimo Leal, quien desgraciadamente ya por aquel entonces había fallecido.

La copia original había desaparecido, pero Mónica conservaba una fotocopia del mismo que pude, a su vez, reproducir para más tarde transcribir.

Les presentamos dicha transcripción, en la que hemos corregido algunas faltas ortográficas del texto al objeto de facilitar su comprensión,  pero sin alterar el estilo original. Queremos, además, hacer una aclaración: en varias partes del Diario se habla de  “tripulación” y de “tripulantes”, palabras que son usadas por el autor para referirse a la totalidad de los viajeros y no a la marinería del barco, como sería lógico con un empleo preciso del lenguaje. Por otro lado y dado que la copia del Diario estaba escrita a lápiz, el paso del tiempo provocó que algunas palabras se hicieran borrosas, siendo posteriormente remarcadas por sus poseedores, lo que no en todos los casos se hizo de forma correcta. Las palabras que se encuentran en este supuesto aparecen señaladas y debidamente anotadas al final de la transcripción.

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Diario redactado a bordo del barco Nuevo Teide durante la travesía entre la isla de La Palma y Venezuela en 1950

Abril 1950

Día 7, viernes Santo.-  A las doce de la noche hemos partido desde el puerto de Las Caletas de Fuencaliente en este barco de velas y motor, Nuevo Teide, desde donde nos despedimos con rumbo a Venezuela; en dicho barco figuran un total de 286 individuos. Llevamos un tiempo algo malo por el viento que está presentado.

Día 8, sábado.- Anoche lo pasamos algo mal, pues el mar se presentó con más viento aún; el día idem y la noche, pues el viento no ha cesado, aunque ha sido favorable para el velamen del barco. Hoy nos han dado de comer de desayuno un cucharón de agua de cacao, gofio amasado e higos pasados, y de cena un cucharón de arroz cocido.

Día 9, domingo de Pascua.-  El viento aún no ha cesado en el día hoy, pues el barco parece que de proa se quiere introducir en el mar, aunque se defiende maravillosamente, pero librándose de vez en cuando de una gran cantidad de agua que baña la cubierta del barco. De comida vamos como el día anterior, con gofio e higos, a no ser en la cena que fue un cocido de alubias negras. El personal ha tenido que refugiarse en las bodegas porque nos sorprendió un rabo de nube que cimbreó de popa al barco, librándose milagrosamente de un accidente o quizás de la muerte un marino que en esa hora se encontraba maniobrando el velamen.

Día 10, lunes.-  El tiempo se presentó hoy bastante cambiado, pues el mar tiene menos viento, pero el que resta nos da en dirección contraria. Gracias al motorcito que lleva el barco, pues si no hubiera sido así no hubiéramos adelantado nada. Llevamos de camino 250 millas. El agua ya va racionada y además es malísima.

El viento aún no ha cesado, pero viene en dirección contraria. Va hacia el suroeste, con dirección al África. Llevamos el agua racionada a medio litro cada veinte y cuatro horas. La comida es como el día anterior.

El viento es favorable en el día de hoy para nuestra dirección. Hemos cruzado ya por Dakar, pero sin hacer escala. La comida sigue igual, el agua sigue siendo bien racionada a lo mismo. Han habido ya protestas de la tripulación por la sed.

Día 13, jueves.-  El día de hoy sigue  como el anterior; hay buen tiempo pero el suministro de agua ya va bastante agotado, hoy la han racionado a cuarto de litro diario por cabeza. Dan de comer dos veces al día; llevamos 700 millas aislados de Canarias.

Día 14, viernes.- El tiempo hoy está formidable, llevamos buena ruta, la comida va como el dia anterior y el agua idem. Hemos llegado a una temperatura más calida.

Día 15, sábado.- El dia se presentó con  más viento que ayer, pero es favorable al barco. El clima cada vez se va haciendo más cálido; la comida está racionada a dos veces al dia y el agua sigue a cuarto de litro por cabeza y día. El barco va a una velocidad de 7 millas por hora y a unas 900 de camino.

Día 16, domingo.-  El barco hoy camina a 8 millas por hora. El capitán tiene interés en llegar pronto, pues ha elegido una dirección muy alta para evitar tropiezos perjudiciales. Ha ordenado a los marinos que pongan las más velas posibles y al maquinista que no cese de funcionar el motor para que la velocidad sea más extensa.

Día 17, lunes.-  El día de hoy se presentó con buen tiempo, sigue el barco con una velocidad de 7 a 8 millas por hora, a veces se han obtenido 170 millas en cada singladura. Los tripulantes del Nuevo Teide vamos satisfechos con nuestro barco hasta la actualidad, verdad que estamos casi desesperados por la sed, la falta de agua nos lleva malhumorados. En el día de hoy hemos comido gofio amasado con agua medio salada e higos pasados; el agua sigue a cuarto de litro por cabeza y día. Hasta hoy no hemos encontrado ningun barco. Tenemos ya una variación de dos horas desde aquí a La Palma por el Sol.

Día 18, martes.- En el día de hoy hay algunas ráfagas de viento pero nos da de popa, bueno para nuestra dirección. Llevamos unas 1.300 millas de camino; si en lo futuro tuviésemos la misma velocidad que anteriormente, en 12 días más dice el capitán que llegamos al sitio destinado.

Día 19, miércoles.-  Hoy el mar se presenta tan bueno que el barco casi no se mueve. Hoy hemos visto a nuestro alrededor pájaros, pues hemos tenido un poco de alegría al principio porque nos creímos que fueran de costa y que ya estaríamos cerca de tierra, pero no fue así. Solo deseamos buenos tiempos en lo venidero, siendo así en pocos días veremos algún islote donde aprovisionarnos de agua, que es lo que deseamos de momento, pues el agua va bastante agotada.

Día 20, jueves.-  Hoy el  dia se presentó con algunas ráfagas de viento fuerte, pero aún con esto llevamos una velocidad de 7 millas por hora. El aceite para el motor también  va bastante agotado, pronto nos veremos privados de agua y de aceite; hasta hoy no hemos encontrado ningún barco para pedirle auxilio.

Día 2, viernes.-  El día de hoy se presentó con calor algo sofocante, el mar se quedó en bonanza y por este hecho hoy el barco camina pocas millas, solo a motor. Tenemos sed y los días se nos hacen interminables, el barco ya va alcanzando sobre el segundo meridiano.

Día 2, sábado.-  Hoy el barco no camina más de 4 millas, la tripulación sigue cada vez más desesperada, han habido protestas, amenazas y casi trompadas por la sed; comida si hay para rendir el viaje, pero con la falta de agua podemos comer muy poco. Se ha ofrecido a los que racionarios el agua dos botellas de coñac o dos mazos de puros por una botella de agua. La sed es insufrible. Hoy se nos ha terminado el aceite para el motor y han tenido que ponerle aceite de oliva para que siga funcionando, aunque de éste tampoco queda mucho. Lo venidero se espera más serio.

Día 23, domingo.-  Tres domingos han pasado ya a bordo y no hemos visto sino mar y cielo, pero si tenemos esperanzas de encontrarnos con algún islote dentro de 4 o 5 días, donde aprovisionarnos de agua. El mar sigue con bonanza, el barco camina poco, de 3 a 4 millas por hora; nos quedan unas 500 millas para pasar por Martinica, esta es la dirección que llevamos.

Día 24, lunes.-  La tripulacion del Nuevo Teide sigue con la misma desesperación por la sed, el agua sigue racionada a la misma cantidad, pero como los calores son cada vez más sofocantes la sed es más insoportable.

Día 25, martes.-  En el día de hoy el barco camina demasiado lento pues el mar está con bonanza y el motor está roto. Hemos comido una sola vez, al medio dia. El agua sigue racionada igual. Sobre las 11 y media nos sorprendió la lluvia, todos nos llenamos de alegria y ponemos los platos por si podemos recoger un poquito de agua.

Día 26, miércoles.-  Hoy camina el barco a unas 7 millas por hora, tenemos esperanzas de ver pronto tierra si el barco sigue a la misma velocidad. El día de hoy ha tenido variación respecto a ayer, ya no llueve por lo que hace un calor algo sofocante.

Día 27, jueves.-  Tenemos ya una variación  desde aquí a Canarias en el sol de 3 horas y media, hoy llevamos una velocidad de 3 y media o 4 millas por hora. Se avecina que dentro de breves días veremos tierra, así lo asegura el capitán como tambien lo deseamos en extremo.

Día 28, viernes.- Hoy tenemos buen tiempo, llevamos una velocidad de 7 u 8 millas por hora: Desde las 9 de la mañana empezó un viento de brisa que hace llevar el barco a esta velocidad, ya estamos casi en la desesperación por no encontrar cuanto antes una isla a donde  dirigirnos.

Día 29, sábado.-  Hoy se nos presentó viento fuerte, destrozando el velamen (1) por completo, estamos casi parados, las velas rotas  y el motor idem. Aún no hemos encontrado ningún barco, pues se dice que la dirección que llevamos no han llegado a media docena de barcos los que han elegido esta ruta, esto nos anuncia el capitán.

Día 30, domingo.-  El día de hoy se presentó con algunas ráfagas algo fuertes, el velamen fue repuesto de nuevo y el barco lleva una velocidad de 5 o 6 millas por hora. Aceite para el motor queda poco, para algún momento de mayor apuro.

Día 1 de Mayo, lunes.- Hoy llevamos el día tan bueno que el barco sigue a mayor velocidad que ayer; hemos observado que existen insectos de tierra en el barco como moscas, mosquitos (2), etc. etc. Esto nos demuestra que estamos muy cerca de la costa, aunque hasta hoy no hemos visto mas que mar y cielo. Hoy nos han dado de comer tres veces al día, por la mañana agua de cacao y gofio, al medio día un peloto de gofio y otro de higos pasados y de cena rancho de arroz. El agua sigue racionada a la misma cantidad

Día 2, martes.-  El dia de hoy se presentó muy cambiado, ya se ven cardúmenes de peces de costa, etc. Se dice que pronto empezaremos a costear, pues desde hoy ha ordenado el jefe que se ponga en proa un marino  de guardia para que dé la noticia al descubrir tierra. Estamos ansiosos por encontrarnos ya en tierra firme, solo quedan 12 millas de diferencia y a unas 250 millas para llegar a La Guaira. Son muchas las privaciones e incomodidades  que venimos pasando, tenemos sed y por esto no podemos comer sino muy poco; nuestros lechos son peor que la mayor mazmorra de una prision, dormimos sobre el lastre del barco, spbre maletas o tablas de unos 30 centímetros, escasamente, de ancho para uno tenderse,  esto lo hace el mucho personal.

Día 3 mayo, miércoles, Día de la Cruz.-  Hoy, día de la Cruz, hemos divisado tierra, la alegría nos colma a todos. Sería sobre las 11 de la mañana cuando tuvimos esta impresión de alegría. Sobre las 4, 5, 6 y 7 de la tarde hemos pasado costeando las preciosas islas francesas de Santa Lucía y Granada, pero el capitán no quiso hacer escala.

Día 4, jueves.- Llevamos buen tiempo, seguimos con buena dirección. Hoy, a primera hora de la mañana, hemos visto muy cerca tres barcos, dos mercantes y un petrolero, pero a ninguno de ellos se dirigió el capitán. Ya hemos perdido de vista las islas que vimos ayer. Sobre las doce del día de hoy hemos divisado nuevo territorio y a las tres de la tarde hemos empezado a costear lo que es ya el continente Venezolano.

Día 5, viernes.-  Hoy hemos tenido buen tiempo, pero hemos perdido unas horas de marcha porque el capitán se encuentra confuso por algo y ha abandonado el barco, trasbordándose en un bote del mismo para dirigirse a una faluga que se ve alla lejos para preguntar algo. Hoy hemos pasado por las Martinicas; solo nos quedan unas 80 millas para llegar a La Guaira.

Día 6, sábado.-  Sobre las 10 de la mañana de hoy hemos pasado por la Isla Tortuga (3) ahora ya la próxima será La Guaira, así se anuncia, Sobre las 12 habló el capitán para todos, pero no vimos en claro la conferencia que dio, quiso que firmáramos todos es una hojilla en blanco que nos presentó, pero en vista de que el personal se resistió a hacerlo, hizo retroceder el barco con rumbo a Canarias, hubo de pérdida 4 horas y media, más tarde volvió a coger la misma línea de antes. Estamos muy cerca de Venezuela, ya son muchos los deseos que tenemos de rendir viaje, pues llevamos 29 días de  a bordo,  pasando miles de sacrificios en esta gabarra de barco Nuevo Teide, mediante la cual nos será imborrable a toda la tripulación este viaje que hemos hecho desde la isla de La Palma a Venezuela.

Día 7, domingo.-  Hoy hay buen tiempo, estamos todos llenos de alegría, tenemos ya La Guaira a la vista, dentro de tres horas ya estaremos en la bahía.

Día 8, lunes.-  Estamos en la bahía del puerto de La Guaira,  todos estamos esperando orden de la Guardia Nacional para saltar a tierra. Un poco más  tarde la Guardia ha tomado parte en el barco, el cual no abandona ni un momento; ya ha venido también la sanidad, junto con reporteros de periódicos y fotógrafos. Con todo este relato doy fin a este diario que me será imborrable para toda la vida.”

NOTAS:

1) Esta palabra fue mal remarcada, lógicamente debe ser “velamen”.

2) Palabra remarcada como “nosquitos”, siendo en realidad “mosquitos”.

3) Palabra remarcada en el diario como “Tortugu”, pero en realidad  es “Tortuga” (isla venezolana del Caribe).

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Como complemento a todo lo anterior, compartimos seguidamente en forma de presentación, las imágenes de las páginas de la copia del Diario custodiado por Don Severo cuyo texto hemos dejado transcrito atrás:

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Testimonio de Eloy González Lorenzo, emigrante clandestino en el “Nuevo Teide”

Ficha del barco “Nuevo Teide”

Pailebot construído en 1902, de una eslora de 36 metros, por 9 de manga y un desplazamiento de 200 toneladas. Disponía de dos mástiles y motor.

uevo Teide 2

Entrevista realizada en Los Quemados (Fuencaliente) el 16 de Junio de 2003

Eloy González en VenezuelaNací el 25 de julio de 1921 en el pueblo de Fuencaliente. Como la mayor parte de los jóvenes de mi generación, me vi forzado a participar en la guerra civil, una experiencia terrible. Bastante joven me casé con la mujer que desde entonces ha sido mi esposa, Nieves Cabrera Cabrera, y pronto llegaron los hijos, dos en concreto. La vida entonces aquí, después de la guerra, era muy difícil, no había trabajo, escaseaba todo, hasta las cosas de primera necesidad, ni siquiera había comida Por esto fue por lo que me propuse ir en uno de aquellos barcos veleros que estaban saliendo para Venezuela. Tenía que buscar un futuro mejor para mi y mi familia, tenía que enviar dinero para que ellos pudieran vivir, igual que hicieron otros muchos.

A mi me comunicó que iba a salir un barco uno de los organizadores, Luis Hernández Torres, que era de aquí, de Fuencaliente. No conseguían a gente para ir, pero el día del embarque apareció tanta gente que nos juntamos casi trescientas personas en el barco. Había tantos que querían ir que muchos se tuvieron que quedar en tierra, casi en número igual a los que se subieron al barco. Otros al ver la situación, se arrepintieron y decidieron no embarcarse.

El “Nuevo Teide” era un barco de buen tamaño, no sé cuantos metros medía exactamente, un velero de tres palos que también llevaba un pequeño motor, usado sólo para entrar en los puertos. Había estado dedicado hasta entonces a llevar mercancías entre las islas.

El velero estaba un poco alejado de la costa, porque por su tamaño no se podía acercar a la orilla. hasta él fuimos en una pequeña falúa por grupos. Embarcamos de noche por la costa de Fuencaliente, en Las Caletas, por donde llaman El Puertito.

En el barco íbamos hombres solamente. Entre los viajeros había algunos vecinos míos como Antonio Rodríguez, el hijo de Ciro el panadero, Sergio Hernández Ortega, de Los Canarios. Había también gente de Tazacorte, de las Breñas y de otros pueblos de la isla.

Cuando salimos se nos atravesó un viento del sur que puso el mar muy malo. Luego se puso el tiempo de brisa.

El agua potable fuimos a buscarla y se trajo en bidones en una falúa desde una cueva en la costa de Puntagorda. Fue racionada desde el primer momento; nos daban una botellita con tres medidas por día para cada dos personas.

La convivencia entre las personas fue normal. No hubo inconvenientes, sino los propios de la navegación, el mareo. los vómitos…. Sergio Hernández, que nosotros conocíamos como “Cirito”, por ser hijo de Ciro el panadero, llevaba una pistola “por si acaso”.

Quizás lo que nos lo hizo pasar peor fue la escasez de agua. Mi vecino Antonio, que iba también como pasajero, me dijo un día, “yo no aguanto la sed, Eloy”. Había uno que repartía el agua y que por la noche se quedaba junto a los bidones para vigilarla. Y añadió: “me voy a dar con el que reparte el agua y si no me da, lo boto al mar”. Aquel lo debió ver tan desesperado que le dio agua, y tanto bebió que su estómago no lo recibió bien, se puso a vomitar y echaba el agua clarita.

A bordo lo único que comíamos era gofio amasado con un poco de agua salada, para poder llegar allá, pues si no el agua dulce no nos rendía para tanta gente. Fuimos para allá al garete. Yo pensaba: “aquí vamos a agarrar una infección que no saldremos de ella”. Las necesidades las hacíamos en el mar, colgados de una cuerda.

En general a lo largo de la travesía los vientos nunca fueron muy abundantes. El barco entró en calmas en las que no caminaba prácticamente nada. Las operaciones de marinería las hacíamos los propios viajeros.

Antes de llagar a América vimos unos grandes nubarrones. Eso nos hizo entender que se preparaba alguna tormenta. Cogimos entonces toda la ropa que teníamos, camisas, telas, paños  – nos quedamos casi desnudos -, y la extendimos sobre cubierta para que con la lluvia se empaparan. Después torcíamos aquella ropa y dejábamos caer en nuestra boca el agua que habían absorbido para así calmar un poco nuestra sed. También pusimos los platos donde comíamos para recoger algo de agua.

No hicimos ninguna escala intermedia, fuimos directamente a Venezuela, hasta el Puerto de La Guaira, a donde llegamos después de un mes de viaje. En toda la travesía no nos cruzamos con ningún barco En La Guaira las autoridades nos trataron bien. Nosotros llevábamos desde acá un listado con los nombres de los pasajeros y  todos sus demás datos personales que hicieron en el Ayuntamiento; esto era para que cuando llegáramos pudiéramos hacernos los papeles.

Cuando salí del barco estuve trabajando en La Guaira en diversas labores. Luego me fui a dar con un amigo mío de aquí, de Fuencaliente, que llamaban Cándido, el cual estaba de chófer con una señora muy rica de una embajada. Allí hicimos un trabajo de limpieza y a la señora le gustó como lo habíamos hecho y me dió trabajo fijo.  Estuve de mesonero en la casa de aquella señora durante cuatro años. Ella llegó a tener mucha confianza en mí. Yo nunca había visto una casa como aquella, llena de todo lo habido y por haber. No creo que en España hubiera entonces muchas casas como aquella.

Después de este tiempo regresé a La Palma. Luego he estado otras tres veces en Venezuela, pero ya de visita, nunca más como emigrante. Tengo un hijo que vive allá.

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EL VIAJE DEL “ANITA

Ficha de barco”Anita”

Velero aparejado de balandra, de 19,5 metros de eslora y 6 de manga, con 46 toneladas de registro bruto dedicado a vivero. Había sido vendido por don Juan Silva Baños a Edmundo Hernández Padrón, vecino de Arrecife (Lanzarote).

Anita 5

Testimonio de Sr.D. Saturnino Álvarez Álvarez

Me llamo Saturnino Álvarez Álvarez. Nací en Breña Baja el 21 de noviembre de 1930. Corría el año 1950 y en aquel tiempo aquí, en la isla de La Palma,  había demasiadas dificultades y hambre. Por otra parte yo había cumplido los 19 años de edad y estaba cercano el momento de ser llamado para entrar al cuartel y hacer el servicio militar, algo que no deseaba. A los de mi quinta nos iban a dar destino el primer domingo del año siguiente.

Cuando comuniqué a la familia mi intención de embarcar,  todos en mi casa se opusieron, especialmente mi madre, a quien no vi más después de irme porque murió, yo creo que en parte por  los sufrimientos que le provoqué.

El proyecto de salida de un velero para Venezuela llegó a mi conocimiento porque los que organizaban los viajes hacían propaganda de ello y la gente se iba enterando.

La primera vez que intenté salir fue en un barco que llamaban el “Paco” (“Paco Bonmanty”). Nos avisaron para embarcar por Los Sauces, pero una vez allá nos apresó la guardia civil. Posteriormente, el 14 de agosto, en un segundo intento, cuando nos disponíamos a salir por Fuencaliente,  nos sorprendió de nuevo la guardia civil. En Los Sauces apresaron únicamente al pasaje y nos llevaron a un local que había, creo que era el Casino, donde cobraron 50 pesetas de multa a cada uno. En Fuencaliente cogieron tanto al pasaje como el barco, luego nos trasladaron a la plaza del pueblo y también multaron a todos con otras 50 pesetas por cabeza. Poco tiempo después, los mismos que habían organizado el fracasado intento del “Paco Bonmanty”, prepararon el viaje del “Anita”.

En Santa Cruz de La Palma había una casa donde se pagaban los pasajes, allí nos hacían un recibo a cada uno. Me costó 6.000 pesetas, eso entonces era bastante dinero y todo el mundo no lo tenía, pues hay que pensar que en aquella época un obrero ganaba apenas un duro diario (5 pesetas). A mi me las prestó una tía mía que había vendido hacía poco un pedazo de tierra en Las Martelas y disponía del dinero.

Después de lo sucedido el 14 de agosto, nos quedamos en Fuencaliente. Estuvimos esperando en la costa hasta el día 19, en que finalmente logramos zarpar desde la zona de El Banco. El “Anita” medía 17 metros de largo por 6 de ancho y tenía tres palos; disponía de velas, pero no de motor. El palo mayor estaba malamente asentado sobre cubierta, con un tornillo aquí y otro allá.

Costa Fuencaiente El BancoA bordo subimos en total 119 pasajeros. Cuando llegó a Fuencaliente, el “Anita” ya había recogido a algunos pasajeros en La Fajana de Franceses, en Garafía. Había palmeros – la mayoría -, algunos de Tenerife, otros de Gran Canaria y hasta unos pocos madrileños.

Estos últimos se enteraron de que aquí salían barcos para América y vinieron con el objetivo de intentar embarcar. Entre ellos había uno que hablaba siete idiomas y fue del que nos valimos cuando llegamos a la Guayana inglesa. Otro, que se llamaba Rodrigo, fue escribiendo  todo lo que sucedía en el viaje en un diario. Había también un maño, quien una vez, cuando estábamos en La Orchila, fue perseguido por una vaca y se pasó toda una noche subido a un árbol.

Durante la travesía unos iban sobre cubierta del barco y otros en las bodegas. Aquí dormíamos sobre unos sacos colocados sobre los viveros donde iba el agua. Toda ella – los 17.000 litros que iban en aquellos viveros – se estropeó. Escapamos con la que había en unos bidones que estaban encima. Guisábamos con agua salada.

A la salida de La Palma el viento fue muy favorable y avanzamos bastante. Después de esto tuvimos 19 días de calmas; si no hubiera sido por este inconveniente habríamos llegado a Venezuela en veinte y pocos días.

El capitán se llamaba Antonio Afonso y era de El Llanito, en Las Breñas; los marineros procedían de Tenerife. Sin embargo quien nos salvó de verdad fue un maestro de Tenerife que se llamaba Don Severiano (Severiano García M.). Resulta que el capitán tenía al intención de ir a no sé que país de América, donde ya había estado, y estaba cambiando la ruta, pero aquel se dio cuenta, de forma que destituimos al capitán y nombramos patrón a este maestro. Después de esto, al capitán le desmontamos el camarote para usar la leña para cocinar. El capitán, cuando llegó a Venezuela, el jodido, se enchufó en el yate de Don Armando Yanes, el “Benahoare”, donde estuvo trabajando bastante tiempo haciendo la ruta entre Puerto Cabello y La Guaira.

Durante el viaje, todos los días nos informaban de la situación del barco, las millas recorridas, etc.

La comida no era nada  buena, aunque gofio y garbanzos si que sobraron. Ésta era preparada por Miguel Sanfiel, de Los Sauces, y uno de Tenerife que se llamaba Domingo, esos dos eran los cocineros.

Después de los días de calmas, se presentó un tiempo favorable para navegar lo que nos permitió progresar bastante bien. A los 36 días de haber zarpado de La Palma nos cruzamos con un barco llamado “Argentina” – el primero que encontrábamos – que nos ayudó maravillosamente. Al verlo se le hicieron señas y pusieron la bandera a media asta, lo cual hizo que acudiera nuestro encuentro. Aquel barco se puso junto al “Anita”, mientras nosotros permanecíamos en cubierta, casi todos sin camisa, en calzoncillos o pantalones cortos, barbudos, parecíamos medio salvajes. El peninsular que sabía idiomas fue quien se entendió con el capitán del buque. Nos dieron un montón de agua, carne, huevos, hasta dólares, de toda vaina nos dieron allí. Estuvimos dos días y dos noches friendo carne porque si no lo hacíamos así se nos estropeaba. El “Argentina” era un barco de turistas.

Cuando se despidió dio una vuelta en torno nuestro haciendo sonar sus sirenas. A todos  se nos puso un nudo en la garganta y nos salieron las lágrimas, ¡de buena gana nos hubiéramos subido a aquel barco! Nos informaron también de que estábamos apenas a tres días de navegación de la Guayana y que si necesitábamos más ayuda que nos fuéramos allí, lo cual hicimos finalmente.

En la Guayana bajaron solamente el capitán, el peninsular que hacía de intérprete y uno que se llamaba Ismael, quien debido a la “securas” que llevaba había bebido tanta agua que se enfermó y le entraron unas fiebres tremendas. Tuvieron que desembarcarlo y trasladarlo a un hospital. Por esta razón, para dar tiempo a que se recuperara el enfermo, estuvimos allí tres días. Posteriormente nos dirigimos a La Guaira, tardando en llegar unos tres o cuatro días. Entramos por un golfo, frente a Barlovento, donde el barco tampoco caminaba.

Durante todo el viaje las relaciones entre los pasajeros fueron normales. Mientras el barco avanzaba todo el mundo estaba contento, pero cuando por las calmas permanecíamos casi parados, la gente estaba que explotaba por cualquier cosa. Uno de los pasajeros, Orestes Orribo, en tales circunstancias era un polvorín, tenía un carácter bastante resabiado y si alguien en esos días pasaba a su lado y lo rozaba, poco menos que lo tiraba al mar.

Cuando llegamos a La Guaira fondeamos en la bahía y más tarde vinieron a vernos varios amigos. Al día siguiente las autoridades sacaron el barco más afuera y nos fondearon frente a Aviación. Allí estuvimos tres o cuatro días y luego nos llevaron para la isla de La Orchila. Mientras estábamos en la bahía vimos hundirse al “Serrano” (Delfina Noya), velero que había salido de La Palma antes que nosotros.

El viaje hasta la Orchila fue jodido,  horrible. Ese fue el día de tiempo más malo que tuvimos en todo el viaje. Hasta el capitán del remolcador llegó a exclamar “¡esta gente, que en 47 días no han tenido ningún tropiezo, se van a ahogar aquí a 10 millas de La Guaira!”. Era tanto el empuje del viento que en varias oportunidades nuestro barco se puso delante del remolcador, de forma que éste tenía que maniobrar dando la vuelta para que el cable no se enredara en el velero. A bordo del “Anita” iban dos guardias y otros dos en el remolcador.

Una vez en La Orchila hicieron una especie de balsa con unos bidones y unas tablas encima para bajarnos. Colocaron dos guayas (sogas), con una se tiraba desde tierra, y con la otra se tiraba desde el barco; en cierta ocasión uno de los bidones se escapó y varios, yo entre ellos, tuvimos que ir nadando hasta la playa. El que no sabía nadar casi perdió las uñas agarrado a aquellas tablas.

En La Orchilla estaban los pasajeros que habían llegado en El Telémaco desde La Gomera, los del “Doramas”, que al igual que nosotros habían partido desde La Palma, y un grupo de hombres,  mujeres y niños, matrimonios con sus hijos, que habían venido en un barco pequeño desde Tenerife.

En La Orchila lo que más comíamos eran caraotas negras (judías) y arroz blanco Esta comida, además de leche en polvo en sacos, nos la proporcionaban los venezolanos. A mi me dieron unas diarreas que casi me muero. Por la noche dormíamos en una vaqueras que tenían construidas allí.

Un día llegó un submarino mexicano y nos preguntaron que por qué estábamos allí, hablaron con los responsables nuestros y al día siguiente salía publicada en la prensa la noticia de que el gobierno mexicano estaba dispuesto a hacerse cargo de nosotros.

Llevábamos en la isla seis semanas y el mismo cuando mataron a Delgado Chalbaud. Ese mismo día nos sacaron de allí a todos los agricultores que veníamos en el “Anita”. Los que tenían otras profesiones se quedaron allí tres meses. Nos llevaron al Trompillo, al Centro de Recepción de Inmigración, para arreglar los papeles. De aquí nos mandaron a la Central Matilde, a cortar caña. Este era un trabajo muy duro, pero por lo menos perdimos el miedo a las culebras. Aquí estuve trabajando dos semanas y desde que gané un poco de dinero – nos pagaban seis bolívares la tonelada – me largué.

Tenía cogidos unos montones de caña o “burros”, como les decían allí, le dije a un compañero de Mazo que se hiciera cargo de aquello porque yo me iba. Fui a Chibacoa y pregunté cuánto valía el pasaje en guagua de allí a Caracas, la hora de salida y el tiempo que se tardaba. Me dijeron que la guagua salía a las tres de la mañana y que tardaba unas seis o siete horas, como así fue. Para poder cogerla tuve que salir de madrugada con la maleta al hombro por un camino adelante, pues la “alcabala” (puesto de la policía al lado de las carreteras) estaba un poco lejos, junto a la carretera central; iba por la cuneta para que no me vieran, cruzando “ranchos”, desde donde a cada rato me salían al paso fieros perros ladrando. Según llegué a la “bomba” (gasolinera) de Chibacoa, apareció la guagua preguntando por los pasajeros que iban para Caracas. El conductor agarró mi maleta y me dijo “apúrese”. Subí en la guagua y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con cuatro o cinco compañeros que habían venido conmigo en el “Anita”, entre ellos Antolín y Feliciano, de San Antonio, que era practicante. Cuando los vi, me pareció que había encontrado a mi padre, ¡fuerte alegría!

Yo tenía la dirección de unos primos míos que vivían en Caracas y Antolín tenía la un  hermano suyo. Cuando llegamos a la ciudad tomamos un taxi y fuimos a casa del hermano de Antolín. Le pregunté dónde quedaba la casa de mi primo Juan y me comunicaron que no estaba demasiado lejos. Allí pasé un rato hasta que me llevaron a casa de mi primo, donde me quedé. Esto era por la época de Navidad. Empecé a buscar trabajo pero no lo conseguía por ninguna parte; por fin conseguí unos días de trabajo en una bloquera y después me fui para La Guaira, donde entré a trabajar con el señor Franco, un margariteño. De aquí fui para de Filas de Mariche.

Llevaba dos años allá cuando llegó un hermano mío, dos años menor que yo. A él no le gustaba nada trabajar en la albañilería y esas cosas, y siempre me decía “si no vamos para el campo, me mandas para Canarias otra vez”. Conseguí una tierra a negocio y empezamos a trabajar en ella. Algún tiempo después compré una finca en Palo Negro a un tal Modesto, que era de los Dos Pinos, y la casa de uno que llamaban Cipriano. A la agricultura estuve dedicado todo el tiempo restante que pasé en Venezuela, donde estuve durante 25 años.

Estando allá me casé por poderes, después de lo cual vine tres veces a Canarias. En una de esas oportunidades, en el año 1967, compré unos terrenos en Fuencaliente, los cuales trabajamos yo y mi hermano, convirtiéndolos en una finca de plátanos. Cuando tenía terminada la finca, entró a gobernar en Venezuela Carlos Andrés Pérez, político que a mí nunca me gustó. Decidí entonces regresar a Canarias, para lo cual vendí la casa y los terrenos que tenía allá. Desde esas fechas vivo bien en La Palma, pero no por eso he perdido el enorme cariño que le tengo a aquel país, y día a día sigo su actualidad.

……………………………..

EL VIAJE DEL “JUAN MANUEL”

Mi tío Manuel (Manuel Rodríguez León), hermano mayor de mi madre fue uno de los varios miles de canarios que se lanzaron al océano para vivir la tremenda odisea de la emigración clandestina a Venezuela. Su viaje, como la mayor parte de aquellas singladuras de la desesperación, fue una suma de sufrimientos e incertidumbres, guiado solamente por la luz de un anhelo y una esperanza, como era la de mejorar de alguna forma las durísimas condiciones de vida que sufrían las islas después de la guerra civil, sumadas a las nefastas consecuencias de la conflagraión de la segunda guerra mundial.

Residente en Venezuela desde aquel entonces, donde la hecho la mayor parte de suvida, me comuniqué con él haciéndole llegar el proyecto en el que me encontraba metido. Y él, amablemente colaboró con su testimonio  que me hizo llegar en una carta, el cual paso a compartir.

FICHA DEL BARCO

El velero Juan Manuel era un balandro de poco más de 15 metros de eslora, y unas 20 toneladas de registro bruto, matriculado en Arrecife de Lanzarote.

Anteriormente ya había protagonizado una intentona clandestina con emigrantes para Venezuela, pero sus organizadores habían sido detenidos por la Comandancia Militar de Marina, habiéndosele requisado las artes de pesca.

Juan Manuel 3

INICIO DEL VIAJE

La segunda intentona tuvo éxito. El viaje fue organizado por un tal Esteban, cuñado de los hermanos Redondo Cruz. El barco partió del Puerto de La Luz de Las Palmas a mediados del mes de julio de 1949, fondeando a las pocas horas detrás de La Isleta, frente al mismo faro. Allí, en el punto denominado La Puntilla, se embarcaron 43 emigrantes clandestinos y partieron en dirección a La Palma.

SALIDA DESDE LA PALMA

A partir de aquí doy voz a mi tío Manuel Rodríguez León, reproduciendo la carta que me remitió con los detalles de aquella aventura oceánica con destino Venezuela:

Imagen Tío ManuelSoy natural de El Paso (isla de La Palma), donde nací en 1921. y allí viví hasta que me fui a Venezuela.

Las razones por las cuales me arriesgué a hacer el viaje fueron porque quería ver otros horizontes, estar libre, hacer lo que yo quería, progresar y vivir mejor. Las motivaciones de los demás viajeros las ignoro.

El viaje fue organizado en la isla de Gran Canaria, los rumores que se escuchaban hablaban de que sus organizadores eran una pareja de aquella isla. Allí también fueron reclutados la mayor parte de sus cerca de 90 pasajeros.

Estábamos informados de que el barco nos iba a recoger, aunque desconocíamos el día exacto.  A mi me avisó Félix Santos, compañero de viaje y vecino mío, pues vivía en el mismo callejón que yo.

Sé que el barco procedía de Gran Canaria, pero ignoro como se adquirió. Se llamaba “Juan Manuel” y era un velero que medía 18 metros de eslora. Desgraciadamente no recuerdo la cantidad que tuve pagar como pasaje para poder embarcar.

Salí de mi casa en la madrugada del día 5 de agosto de 1949, día de  la Virgen de las Nieves, patrona de La Palma. Nos dirigimos a Puntallana, en cuya costa teníamos que embarcar. El traslado al barco se realizó en una lancha y a causa de la precipitación del momento, mi maleta, con lo poco que llevaba, papeles y ropa, se quedó en la propia lancha, de tal forma que me vi a bordo sin otra pertenencia que la ropa que llevaba encima (1). La mayor parte de los viajeros llevaban como equipaje ropa y otros nada.

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Desde este punto de la costa de Los Galguitos (San Andrés y Sauces), un antiguo embarcadero, partió el Juan Manuel con destino a Dakar, primero, y a Venezuela, después.

Como ya dije, la mayor parte del pasaje procedía de Gran Canaria, palmeros éramos sólo un puñado. No había mujeres y niños salvo dos, hijos del segundo capitán. Las edades oscilaban entre los 27 y los 40 años, menos el que hacía las veces de capitán, que tenía aproximadamente 62 años. En cuanto a las profesiones había agricultores sobre todo, un practicante de medicina, un ex-guardia de frontera, un maestro de segunda enseñanza, un herrero, etc. Junto a los canarios, había además 7 gallegos y un leonés.

Zarpamos el día 7 de agosto de 1950 y pusimos rumbo a la colonia francesa de Dakar (Senegal). Durante tres días no pude ingerir alimento alguno, lo único que hacía era vomitar debido al tremendo mareo que llevaba. En el trayecto nos metimos en un temporal tan fuerte que nos sacó de rumbo. ¡Nos salvamos de milagro! Había una gallego de mi mismo nombre que no paraba de llorar. Llegó un momento en que tanto lloro me desesperó y le dije secamente: “Sufra, pero calle”. Después de esto nos agarró una calma que no nos permitió movernos en tres días.

Las relaciones personales en el barco durante la travesía fueron normales y no hubo conflictos, a excepción de una pelea que se produjo entre dos pasajeros en una costa, poco antes de llegar a La Guaira.

Como anécdota debo referir el caso de dos pasajeros, el ex-guardia de frontera del que ya he hablado y otro que había sido contrabandista en la frontera de España con Portugal, quienes conversaban animadamente y se reían porque jamás pensaron que quienes habían sido adversarios naturales debido a sus antagónicas profesiones o actividades anteriores, pudieran entonces compartir de una manera tan amena.  Debo decir, en cualquier caso, que el tal ex guardia era una persona excelente.

La alimentación y el agua se mantuvieron racionados durante el viaje. La comida estaba compuesta principalmente por arroz, gofio, papas, pescado que pescábamos en el mar, etc. En cuanto al agua, después de varios días de viaje  empezó a ser racionada; la que a mí me correspondía la repartía entre los demás, pues siempre he sido poco bebedor de agua.

Tocamos tierra de Venezuela en el puerto de Carúpano. Allí estuvimos un día y luego, en la noche, nos sacó un remolcador a alta mar al tiempo que sus responsables nos decían que no nos arrimáramos más a las costas venezolanas. Después tomamos nuevamente el rumbo por las costas venezolanas y nos dirigimos al puerto principal de La Guaira. Allí permanecimos amarrados junto a otros barcos que habían partido de Canarias con emigrantes y que llegaron antes que nosotros.

Estuvimos unos días allí porque no nos dejaban bajar, sólo lo hacíamos para comprar alimentos. Había algunos viajeros que tenían conocidos en La Guaira que los auxiliaban. Pero pasó que salían a “comprar comida” y no regresaban más. Como quedábamos pocos un día le dije a Félix: “Mañana me voy yo”; y éste me dijo: “Yo también”. Así lo hicimos, salimos y nos quedamos en un campamento cerca de La Guaira. Las personas que estaban allí estaban haciendo una contrata y Félix conocía al dueño. Éste no se encontraba cuando nosotros llegamos, pero los encargados nos dieron comida y alojamiento.

Al amanecer del día siguiente nos fuimos para Caracas a pie (más de 30 kilómetros). Entramos en una casa a pedir comida y allí fue donde por primera vez comí una arepa; además de esto, también nos dieron dinero para trasladarnos a Ocumare del Tuy, Colonia Mendoza, donde vivía mi tío Vicente. Una vez establecido allí, mi tío nos llevó al Instituto Agrario Nacional (IAN) donde nos arreglaron los papeles de identificación.

Ya con los papeles en la mano comencé a trabajar en las canteras de piedra de cemento de Antímano, para la Fábrica Nacional de Cemento, ubicada en ese tiempo en La Vega. Félix se quedó en Cagua con un pariente que tenía allí.

En las canteras estuve mucho tiempo y luego pasé a trabajar de manera independiente en la agricultura, actividad que hago hasta la fecha.

Con esto finalizo mi historia (parcial) de aquel memorable viaje; me despido con esta célebre frase de Cervantes:

“Con las ansias de la muerte y el pie en el estribo, gran señor esto te escribo”

                                                Atentamente

                                      Manuel Rodríguez León

1) El equipaje de mi tío fue encontrado en la costa por una familia vecina del lugar donde embarcaron los pasajeros de La Palma (El Pollo, Los Galguitos, S. Andrés y Sauces) y por las indicaciones contenidas en los papeles que encontraron, pudieron localizar la casa de mis abuelos, con quienes se pusieron en contacto para devolverlo. Desde entonces una gran amistad unió ambas familas.

6 comentarios to “Emigración clandestina de Canarias a Venezuela: testimonios inéditos”

  1. Buenos días, me interesaron muchísimos los testimonios y la transcripción del diario. me gustaría comunicarme con el autor del artículo. 10 años después (ahora en 2015) desde Francia, donde vivo, trabajo sobre ese mismo tema y voy a Venezuela dentro de unas semanas para recoger mas testimonios y entrevistar descendientes de canarios, 2nda y 3era generación…cualquier informacion o contactos sería bienvenido, te ante mano, muchas gracias por su ayuda, mario

    • Hola Mario: me llamo Óscar García y soy el autor del trabajo expuesto en el blog. Ya me dirás qué necesitas y en qué puedo ayudarte. A estas alturas contamos con un problema fundamental: la mayor parte de los protagonistas de aquella epopeya de los emigrantes clandestinos canarios (y otros que no lo eran pero que partieron de Canarias), hacia América (particularmente Venezuela), nos han dejado, la edad no perdona. Pero hay mucho material recogido por varios investigadores.

      Ya me concretarás en lo que pueda prestarte alguna ayuda.

      Un gran saludo.

      Óscar García Rodríguez

  2. HOla Oscar, llevo 3 semanas en Caracas para mi investigaciòn y de momento he entrevistado 7 personas de primera y segunda generaciòn. Yo te estaba preguntado si tenìas contactos aquì en Caracas, de personas dispuestas a contar su travesìa, su llegada, su vivencia en Venezuela. Ya el tiempo se me està agotando y me voy la semana que viene para Francia. Los relatos expuestos en el Blog son muy interesantes. Yo conocì a los familiares de un señor que viajò en el emilio, creo que fue el primero de los “barcos fantasmas”, saliò en 1939. Aquì me he dedicado sobre todo entender en que trabajaron los canarios que llegaron en los años 1940-1960, donde se ubicaron, los vìnculos que mantuvieron con sus familiares en las Islas, las remesas. etc..

  3. Hola! Llegué hasta aquí buscando fotos del embarcadero de Los Galguitos. Está en San Andrés y Sauces y no en Puntallana. Saludos

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