TESTIMONIOS (POEMA)

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TESTIMONIOS

A veces la magia de las palabras

No fue más que una inútil jerga,

Tras hundirse los puentes tendidos entre orillas movedizas.

A veces las flores del jardín olvidaron sus colores,

Cuando libraron batallas en islas desiertas,

Levantando castillos de sombras con la arena.

A veces se desataron feroces vientos

Que borraron las señas de los caminos,

Quedando indemnes solo las huellas

De los olvidados peregrinos.

A veces la música colgó las botas

Volviéndose sorda y muda,

Al descubrir que las canciones de amor

Jamás podrían subir escaleras.

A veces aceché verdades que moraban

Junto al borde de oscuras trincheras,

Camufladas de grises tonos

Cual ratas en sus madrigueras.

A veces sorprendí las andanzas

De una raza de dioses bicéfalos

Que coleccionaban soñadores nómadas

Extraviados entre estrellas de distantes galaxias.

A veces di grandiosos saltos sobre el vacío

Impulsado desde ninguna parte,

Sin plausibles razones y ningún sentido.

A veces ejecuté implacables sentencias de perdón,

Mordiéndome la lengua frente al paredón de los ausentes.

A veces tuve que encajar mis huesos fragmentados

En un corsé de silencios para poder mantenerme en pie.

A veces hice caso omiso de los fracasos,

Porque siempre supe que no me sentaban bien.

A veces el mar interior se desbordó anegando hasta las ventanas,

Cuando moraba solo en un lecho atribulado de límites.

A veces el presente se hizo denso como lava encendida,

Y necesité para flotar poner la vista al frente,

Afirmar el paso y apretar contra los labios los dientes.

A veces pude mirar sin censuras el fondo de los ojos

De cuantos se cruzaron en mi camino

Y vi que caían como hojas marcadas de tiempo

Al embate de un otoño infinito,

Las murallas levantadas alrededor de cada piel

Con el rigor de un congreso de inquisidores medievales,

Súbditos del país de los estómagos satisfechos…

Y desde ese mismo momento

Aquella ciudad sin nombre se trocó en escuela,

Y las calles se convirtieron en patio de recreo,

Y los árboles sonrieron jugando al escondite con las aceras

Y el sol asomó su cabellera de esplendor desvergonzado,

Y amaneció el día desde todos los puntos cardinales,

Disolviendo con una luz tibia de amarillos

El recuerdo de cualquier tiempo pasado

En bloques de tristezas congelado…

Y la mente liberada pudo derretir por fin

El glacial espectro de los inviernos imaginarios.

 

Óscar M. García

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~ por idafe en octubre 7, 2015.

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